domingo, 23 de marzo de 2008

Mi primera vez

Nunca pensé en ganar plata de manera tan fácil y rápida como lo hicé hoy.
La hora ni te la cuento. Para mí de madrugada. Tenía sueño, el cansancio se apoderaba de mi cuerpo.
El punto de encuentro era frente al parque. Una vez aquí, intentamos apresurar el paso, pues no queríamos llegar tarde a la cita. Tomamos desesperadamente el primer taxi que paso ante nuestros ojos, estábamos muy emocionados, pues era nuestra primera vez.
El taxi, de modelo station wagon, que hizo de las calles una pista de fórmula uno. Se movilizó entre barrios nunca antes vistos por mí. Realmente, estaba pérdido. Pero en cuestión de minutos llegamos a nuestro destino.
Era un local grande. Aquí nos esperaban similares a nosotros. Algunas señoritas de bonita figura, vestimentas muy escotadas y pegadas. Sí, mis ojos de vez en cuando escapaban de sus orbitas, pero rápidamente volvían a su sitio.

Nos dejaron en el lugar previsto. Habíamos llegado. Los nervios se apoderaron de mí, pero ya no podíamos dar paso atrás. Empezamos a acomodar los detalles. Servimos vasos de agua, seguramente para el cansancio, pues nuestra labor era buscar la satisfacción total de nuestros clientes y que estos se vean agradecidos con nuestro servicio.
Había pasado casi dos horas desde nuestro encuentro en el parque, cuando vimos al primer cliente acercándose. Un hombre de tez morena, alto, delgaducho y los músculos de sus extremidades inferiores bastante amplios. Llegaba bastante cansado y nosotros muy cordialmente ofrecimos nuestros servicios. Cuando se retiró salió sudando, es más creo que llegó de la misma manera.
Siguieron llegando muchos invitados, cada uno con diferentes características que indicaban de donde provenían.
Algunos con ropas muy pequeñas, algunas señoras de edad avanzada que ni con su cuerpo podían. Nosotros solo teníamos la misión de complacer a cada uno de nuestros visitantes su primordial deseo en ese momento: ... satisfacer sus necesidades primarias.
Un individuo trigueño y de cabello trinchudo llevaba puesto un atuendo poco común de la capital.
Un chullo, una pechera colorida y un bolso inca colgado del cuello hacían una ropa poco cómoda que no hacía juego con su ropa deportiva. Pasó rápidamente, estaba apresurado.

Había trancurrido una hora aproximadamente, derrepente treinta minutos más. Se acabó. Todo terminó, nuestro clímax acabó. El suelo estaba húmedo (seguramente por el calor humano) y lleno de plásticos transparentes. Ya era hora de regresar a nuestros aposentos no sin antes haber limpiado el lugar. Y así culminó nuestra grata experiencia.

Fue la primera vez que trabajé como asistente de la Backus en una maratón, mi labor era entregar vasos de agua a los corredores que duramente llegaban a nuestro punto. Todo ocurrió tan rápido, que fue la manera más fácil y simple de ganar dinero.

¿En qué pensabas hasta antes de leer el último párrafo? Sí, lo pensé, tu imaginación te dejo llevar.

pdta: las señoritas de ropa pegada y escotes eran modelos que junto a nosotros iban a trabajar.

2 comentarios:

Mj dijo...

mi imaginacion volo hasta el ultiom parrafo y no te digo que escribes bien para caer bien xq se que te hago daño jejeeje pero de verdad me rio muxo con lo que escribes

Luciana La Torre dijo...

Para mi tu intentabas eso mismo, llevar la imaginación del lector a volar por todos lados. Aceptalo, esa fue tu verdadera intención.

En realidad llegue a pensar que se trataba de un trabajo estilo 'modelaje' o algo así (no pense en porno) aunque ya casi al ultimo si jajajaja!

ME gusto mucho tu manera de desviar la historia y llevarnos a la sorpresa de que tu trabajo no tiene nada que ver con aquello que muchos pueden pensar.